Google+ Barcelona: Las crónicas de Thot: Barcelona, años 50: vivencias en una fábrica

lunes, 18 de junio de 2012

Barcelona, años 50: vivencias en una fábrica

Elvira, Antonieta y Conxita en La Zeta (Philips)
La historia se entiende mejor cuando una persona te cuenta sus vivencias, y esto es lo que me propongo a hacer en este post. Todo surgió hace unos meses comiendo con Elvira (izquierda en la foto). Hablando, fuimos pasando de tema en tema hasta que ella acabó explicando anécdotas y costumbres de cuando empezó a trabajar en la Barcelona de los años 50. Yo saqué mi libreta de notas y fui apuntando, a la vez que iba haciendo preguntas. Una entrevista en toda regla, vamos. ;) 

Las fotos que ves corresponden al interior de la antigua fábrica de bombillas y aparatos electrónicos conocida como Lámparas Zeta (La Zeta), y pertenecía a la holandesa Philips. Estaba ubicada en la actual Gran Via de les Corts Catalanes esquina con carrer de Mèxic, y llegaba hasta el carrer de Sant Fructuós. Con el tiempo se trasladó al passeig de la Zona Franca con carretera del Prat (actualmente hay una gasolinera) y finalmente cerca del cementerio (actual Phillips Components Miniwat en passeig de la Zona Franca, 15).

Elvira, nacida en 1936, se inició en el mundo laboral a los 14 años trabajando en géneros de punto. Tres años después entró en La Zeta. Me comentó que, para entonces, trabajar en la Philips era como ahora hacerlo en un McDonalds. Tal y como se muestra en las fotos, su tarea se desarrollaba dentro de una cadena de producción donde ensamblaban bobinas y otras piezas en placas mediante soldadores de estaño. El horario era de 8h a 13h y de 15h a 18h, excepto en verano que era de 6h a 14h. Por todo ello cobrara la cantidad de 100 pesetas al mes, aproximadamente. Aunque también cobraban unas ayudas extra al mes - los llamados puntos - por viudedad de la madre y número de hijos (sin trabajar).

La fábrica estaba estructurada en un laboratorio donde fabricaban las piezas y la cadena de producción, que a su vez se dividía en las áreas de Conexión  - dónde estaba Elvira -, Control (de errores) y Montaje (de receptores, televisores). Tres toques de sirena - por la mañana y después de comer - te indicaban que debías ocupar tu puesto de trabajo. Si al tercero no estabas en tu sitio, te hacían esperar 15 minutos en la puerta de entrada, te sellaban la ficha con el retraso y te lo descontaban del sueldo.
Elvira, Antonieta y Conxita en plena tarea

La mayoría de trabajadores eran mujeres - excepto jefes, celadores y personal del laboratorio -, que además sólo podían ser viudas o solteras, de tal manera que, en caso de contraer matrimonio se les pagaba un finiquito de 2.000 pesetas y dejaban de trabajar. Ya te puedes imaginar que la picaresca popular llevó a la consumación de matrimonios secretos...

Elvira tenía compañeras de la misma Barcelona, aunque también las habían de Galicia y de Andalucía. Contaba que hubo una chica de Almería que, recién llegada a la ciudad, al principio estaba todo el día llorando porque le habían hablado un poco mal de los catalanes y se pensaba que se la iban a comer. Estereotipos promovidos por la política de este país que por desgracia aún se mantienen por unos y otros bandos.

Como toda fábrica había momentos en los que era necesario producir más de la cuenta y tenían que trabajar a destajo (de ahí viene la famosa expresión), es decir, a preu fet (precio convenido); una prima extra normalmente por unidad de más producida. Y aunque parezca mentira por la época a la que nos estamos refiriendo, los trabajadores tenían beneficios sociales. En concreto descuentos por la compra de televisores.

Otra curiosidad que me contaba Elvira era que, como en casa no disponían de baños, se iban a duchar a los baños públicos situados en los sótanos del actual colegio en el 355 de la Gran Via de les Corts Catalanes. Bueno... todas no se duchaban. Por lo que se ve una de las compañeras evitaba hacerlo porque su madre le decía que sólo se bañan las putas. ¡Eso es amor de madre!

Hablando de madres: Elvira es la mía.