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jueves, 1 de septiembre de 2011

En busca de lugares 'mágicos' II: los cultos

Hermes  en el Parc de la Ciutadella
En el anterior post vimos como en los topónimos se refleja el eco del pasado de tal manera que si estiramos del hilo podemos descubrir aspectos que nos ayudan a entender la historia de nuestra ciudad o del lugar que visitamos. Y, siguiendo la Guía de la España mágica de Atienza, ahora toca abordar la segunda de las claves que nos indican cuando un enclave puede ser mágico: los cultos.

[...] Siempre he tenido el convencimiento [...] de que el culto auténtico del hombre, al menos en las coordenadas de la tradición cristiana por la que nos movemos, está más en las ermitas que en las catedrales, más en las capillas sin importancia y en santuarios olvidados que en las parroquias y en las colegiatas. Es como si de las ermitas y capillas se extrajera, de algún modo, la raíz de un conocimiento trascendente, que luego se vertería a niveles masivos en los grandes templos, para que éstos actuasen como catalizadores de la fe colectiva y de la vivencia del ser humano en tanto que grupo.

Curiosamente, son estos pequeños santuarios, campesinos la mayor parte de las veces, los que, en los lugares clave del enfrentamiento mágico, están puestos bajo la advocación de santos y vírgenes que tienen su origen mucho más allá de la fe cristiana, bien en el tiempo, bien en su misma intención ocultista. [...] cuyas características divinales se encuadran en cultos y en seres míticos pertenecientes a formas religiosas anteriores al cristianismo y, sobre todo, en los movimientos mistéricos que sustentaron las bases de los que luego serían saberes ocultistas. [...]

[...] San Miguel, por ejemplo, además de ser santo común a musulmanes, cristianos y judíos, fue el heredero de grandes mitos religiosos de la humanidad como Hermes, vence a los monstruos simbólicos; como Osiris, pesa las almas de los muertos y decide su destino; como Lug, es maestro oculto de saberes secretos; y como Mercurio, se alza en patrono de mercaderes que trafican más en cosas del alma que del cuerpo. San Cristóbal se confunde con el eterno maestro gigante que ayuda a los hombres en su cruce por el río que separa la ignorancia del conocimiento. San Saturio evoca a Cronos-Saturno que manda sobre el tiempo. Santa Catalina reúne los saberes universales que se acumularon en aquella Alejandría de la que, al parecer, procede. San Bartolomé evoca la eternidad con su piel arrancada en el martirio, que se identifica con el cambio de piel de la serpiente inmortal. San Ginés santifica a los jinas de quienes hablábamos anteriormente, y san Dionisio rememora cultos báquicos celebrados en el seno de las hermandades iniciáticas de las religiones mistéricas. A san Hipólito lo destrozaron los caballos, como al Hipólito del mito helénico, y san Martín parte su capa con el mendigo, proclamando más una dualidad gnóstica que una simple caridad cristiana.

   Atención a las ermitas de todos estos santos varones y santas vírgenes. Atención a sus cerros. Y a sus fuentes. [...]

Extractos del libro Guía de la España mágica de Juan G. Atienza.

En Cataluña tenemos un caso más que evidente de culto pagano cristianizado. Se trata de nuestra patrona la verge de Montserrat. Nuestra Moreneta, al igual que el resto de vírgenes negras proviene del culto a la diosa egipcia Isis con su hijo Horus en el regazo. Con el tiempo el culto isíaco se fue sustituyéndose por el de la virgen María y el niño Jesús, perdiendo su tez de color negro originaria de los habitantes del  norte de África.
La Moreneta  en la Iglesia de Santa Ana

Haz click aquí para ver un listado de las distintas vírgenes negras que existen. En España hay muchas.

Asimismo, sólo hacer un repaso a las distintas festividades de origen pagano vinculadas a ciclos naturales de la tierra donde se ritualiza fuego (regeneración), brujas y machos cabríos (fertilidad), águila (energía cósmica-celeste) o dragon-serpiente (energía telúrica terrestre). Fiestas como San Juan o la Patum de Berga son sólo un ejemplo.

Y que decir de la sardana, danza ritual en círculo sobre un eje central y todos cogidos de la mano. Antiguamente el eje podía ser un árbol o un menhir.

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